Los drones se han convertido en parte integral de la industria del petróleo y el gas en los últimos años, transformando la manera de trabajar y aportando importantes beneficios. El diseño de estos vehículos aéreos no tripulados (UAV, sus siglas en inglés), permite inspeccionar una amplia variedad de instalaciones, tales como plataformas de petróleo y gas, plantas de procesamiento, tuberías y unidades de refino, donde su uso resulta especialmente ventajoso, de ahí que cada vez sea mayor el número de compañías del sector de hidrocarburos que como BP, Equinor, Shell, Repsol,_ExxonMobil, Chevron ó ConocoPhillips, entre otras, han decidido apostar por esta tecnología para realizar los trabajos más complejos, consiguiendo importantes ahorros en costes, tiempo y riesgos.

Una de estas compañías, Equinor, se ha convertido en protagonista de una de las operaciones más relevantes llevadas a cabo con esta tecnología. Junto al operador noruego Nordic Unmanned, ha completado con éxito la primera operación logística del mundo con un dron a una instalación en alta mar.

La novedad radica en que este vuelo de prueba, de una hora de duración y que se realizó a finales de agosto, es el primero del mundo en el que un vehículo aéreo no tripulado transporta una carga real a larga distancia desde la costa hasta una plataforma de petróleo y gas en alta mar operativa..

El objeto transportado ha sido un portaboquillas diésel impreso en 3D, un componente crítico en los botes salvavidas, que partió desde Mongstad (Noruega) hasta la plataforma Troll A de Equinor en el Mar del Norte, situada a unos 80 kilómetros de distancia de la costa. El modelo utilizado fue el Camcopter S-100, fabricado por la empresa Schiebel, un helicóptero no tripulado con más de 70.000 horas de vuelo en otro tipo de operaciones. Su peso en vacío es de 110 kilos, mide más de 4 metros, tiene una capacidad de carga útil de 50 kilos, una velocidad de crucero de 150 km/h y una autonomía de vuelo de hasta 8 horas.

Además de realizar operaciones logísticas, los drones aerotransportados, tal y como apuntan desde Equinor, también se pueden utilizar para inspecciones y observaciones del estado técnico de las instalaciones en tierra y alta mar. Cuentan con equipos de cámara extremadamente avanzados y se pueden utilizar en operaciones de búsqueda y rescate, por ejemplo, para localizar personas que han caído al mar o para la detección temprana de contaminación en en estas aguas. Estas habilidades también fueron realizadas durante el vuelo de prueba.

Una de las ventajas del uso de drones en este tipo de operaciones es que tienen una huella de carbono 55 veces menor que la entrega de carga con alternativas tripuladas. Concretamente, las emisiones del Camcopter S-100 son alrededor de 50 veces más bajas por milla náutica que las de un helicóptero S92 tradicional, lo que ayuda a reducir el impacto ambiental.

Como se ha demostrado en este primer vuelo, apuntan desde Nordic Unmanned, el transporte urgente de componentes pequeños es un caso típico en el que un helicóptero no tripulado puede resolver la misión con un impacto medioambiental menor que si fuera un helicóptero grande.

Y es que según reflejan distintos informes, la industria de la logística es uno de los principales contribuyentes a la contaminación, responsable de hasta el 20% del total de las emisiones globales de CO2.

Reducir las emisiones de metano

La británica BP fué la primera compañía de Oil&Gas en recibir, en 2014, una licencia para operar drones comerciales para tareas de supervisión en sus campos petroleros en Alaska, un lugar donde las condiciones climatológicas (inundaciones, desintegraciones de hielo y témpanos de hielo) cambian constantemente la topografía, haciendo que el uso de otros métodos de supervisión sea difícil y costoso. Gracias a este tipo de tecnología, BP consiguió reducir a sólo 30 minutos la comprobación del estado de tres kilómetros de tubería, cuando una persona tardaba en el mismo proceso una semana.

Hace un año, BP anunció un programa para detectar en tiempo real, medir y permitir la reducción continua de emisiones de metano en los activos upstream nuevos y existentes operados por la compañía, utilizando tecnologías como drones, sensores láser y cámaras infrarrojas montados en camiones. La petrolera planea instalar cámaras de funcionamiento continuo con un radio de escaneo de 1.700 metros vinculado al software para cuantificar los niveles de emisiones del proyecto de gas Ghazeer, ubicado en Omán, actualmente en su etapa final.

Repsol también se ha sumado al reto del metano. En colaboración con SeekOps, compañía especializada en el empleo de drones para industrias de Oil&Gas, Repsol pondrá en práctica un nuevo sistema mediante el cual los drones no sólo serán capaces de detectar emisiones fugitivas de metano de forma rápida en una amplia superficie, sino también de cuantificarlas, algo que hasta el momento no ha podido efectuarse.

La compañía hace tiempo que decidió apostar por el empleo de drones a través de un programa específico, identificando varios casos de uso, como la inspección de instalaciones industriales. A principios de 2019, Repsol comenzó las primeras pruebas con un dron autónomo submarino equipado con cámaras de vídeo y un sonar en las inmediaciones del complejo industrial de Tarragona para reproducir tareas que, en la actualidad, ejecuta un equipo de buzos, como son el mantenimiento preventivo de las estructuras subacuáticas y el control del movimiento del fondo marino. En el complejo industrial de Puertollano, la compañía que preside Antonio Brufau, ha utilizado un dron aéreo equipado con una cámara de alta resolución y sensores térmicos para realizar inspecciones a los racks de tuberías de la refinería.

Fuente: www.eleconomista.es